Yo no podría hablar del primer amor, porque creo que para hablar del primer amor me falta vivir más. O mejor dicho, me falta más edad. De lo que si puedo hablar, es de la primera ilusión. El amor platónico o llamémosle esbozo del primer amor.
…Tenía ocho años, cuando lo conocí, recuerdo que había llegado tarde a clases (una de las pocas veces, cuando era estudiante, pero con gusto lo habría repetido). Él tenía con algunos meses menos, casi la misma edad que yo. Apenas lo vi, me impresionó, no sé bien que fue lo primero que le vi, no sé si su carita de tímido, su cabello castaño o si sus ojos tan lindos, vivos, pero a la vez calmados.
No recuerdo la sanción, pero si recuerdo bien cómo hice notar que me llamaba la atención. E inmediatamente sentí lo que era el primer rubor. Fue tan tierna mi primera ilusión, que no creo que haya alguna otra experiencia que la pueda reemplazar. Pero allí estábamos, cumpliendo nuestra sanción, tal vez él, no con tantas ganas como yo. Y aunque, para ser sincera creo que fue la primera y qué mejor primera vez que me sancionaban por llegar tarde.
Ahora debo decir, que desde aquella mañana, que a la vez era algo tarde, empecé a averiguar de qué salón provenía, quería averiguar cómo no lo había visto, quería saber, si era el mejor alumno o si talvez algún destacado jugador de fulbito (esas dos cosas eran las que me impresionaban, desde entonces).
Y casi sin querer, iban llegando novedades respecto a él(eso era lo bueno de hacerle notar a alguien que alguien te interesa, ya que por molestarte sin darse cuenta, te van a dar más detalles beneficiosos para ti, que los que buscarías tan discretamente.) El caso es que sí, en menos de una semana averigüé todo de él. Tenía el mismo apellido que mi padre (y, ésa era un arma, que usaría en mi defensa, más adelante)
Pasaron las semanas, e hice algo imprudente. Dibujé dos corazones en los cuales dejé dos iniciales, una era mía y el otro ya sabemos de quién. Alguien más notó lo que hice, pero y antes que me lo arrancharan de las manos, le adjunté otra inicial más al lado de la mía, era del apellido de una de mi tantas tocayas (que vendrían en el futuro).
Al parecer no fue buena idea, ya que esta niña se lo alcanzó finalmente a mi profesora (mi profesora, tan linda maestra, conmigo y con el resto). Ella, me hizo quedar en el recreo, y luego quiso hablar conmigo, yo por el contrario no quise ni verla, en los casi cinco minutos que me insistió para que me acercará, sólo lloré recostada sobre mi carpeta.
Lloré de vergüenza, lloré para no mostrar mi rostro ruborizado, lloré para no decir nada, lloré porque era mejor que acercarme, en medio de la clases y dar explicaciones…Sí, fue mejor quedarme en mi sitio, pues todos estaban ya esparciendo el rumor” A mí, me gustaba alguien; y no era del salón, era un extraño…Uno de fuera” (curiosamente, este es el mismo argumento que se iría repitiendo a lo largo de mi vida).
A la salida, de mi clase, y a finales de ese bimestre, ya todos los de mi grado y algunas profesoras lo sabían (antes eran bimestres y no trimestres, como hoy en día).
Tuvieron que pasar muchos meses sino años, como para que él lo notara. Bueno yo me empeciné a decir que no era yo, que era un invento, que era mentira, o que fue hace tiempo…Tantas excusas que da una agrandada niña de ocho años. Pero en la inocencia de la niñez, uno utiliza tantas tácticas, como si fuera grande. Y allí empecé a usar mi primera arma.
Esparcí el rumor que aquel dulce niño (Y, esa será la impresión que tendré siempre de él), dije que aquel niño era mi primo. Así es que: “…con la familia nada”, decía yo (ja,ja,já, hasta yo misma me lo quise creer). Use con más fuerza, aquel argumento cuando noté que para él era insoportable la situación(o al menos, esa fue la impresión que tuve yo), ya no le parecía nada gracioso, el hecho de que todo el mundo (de mi pequeño universo), lo estuvieran molestando conmigo.
Así que, desde entonces puse distancia, si sabía algo de él, trataba de mostrarme indiferente, o al menos ya no demostraba ningún tipo de interés.
Pasaron años, hasta que, ya en la secundaria. Sí, recuerdo que para el primer año de la secundaria, me cambiaron de turno (pero, para nada, por aquella historia, sino mas bien por una graciosa confusión., que no le perdonaría a mi madre, hasta que me devolvieran a mi turno, que era la mañana). El hecho es que, de anécdota de niños, pasó a ser mito o leyenda…Se decía, se hablaba de la alumna, que desde muy niña demostró interés por aquel niño.
Cuando volví, a mi turno, supe lo que era sentir la incomodidad, el que te repitan y repitan, que te molesten y molesten con aquel niño, ahora adolescente (Que al menos no mostraba ningún interés por mí). Al menos seguí con la misma táctica, indiferencia absoluta, y aunque, demostramos complicidad a distancia, actuando de manera conjunta, ya que mostramos interés por otras personas y se las demostramos al resto, como quien dice: ¡Mira! aquél, o aquella, ya no me interesa.
No duró mucho tiempo, pero siempre estuvimos lejos, nunca compartimos aula, salvo una que otra clase. Con la complicidad de algunos profesores (por así decir), a cuyos oídos habían llegado nuestros antecedentes. Pero casi siempre, lograban a lo mucho sólo ruborizarnos.
Hasta el quinto año de la secundaria, habremos intercambiado uno o dos párrafos. Claro, uno de ellos, cuando nos casaron a la fuerza en uno de aquellos juegos de las benditas verbenas… Nos casaron y aceptamos...Bueno yo tardé más en decir sí acepto… Por Dios! Fue al pie de una capilla. Qué día más inolvidable, y avergonzante, aunque finalmente anecdóticamente dulce.
Pero, fue el último año de mi secundaria, la vez que intercambié el segundo y último párrafo. Días antes, él regresaba de viaje, del viaje de promoción (él se había ido a Huaraz, yo en cambio me fui a Cusco, semanas después…). Era un Lunes o Martes, no recuerdo bien, sólo recuerdo, que fue saliendo del colegio, cuando yo me iba caminando a casa. Él, me estaba esperando a la salida, me miró fijo, y ya me habían dicho que él iría conmigo, asi es que, sólo caminé, a su lado, pero caminé al fin.
Aquellas cinco cuadras, fueron las más cortas e imborrables de mi memoria. Como lo dije, no intercambiamos más que un párrafo de palabras, y no era para menos, el silencio decía más entre nosotros dos. Era, un silencio, el silencio más apreciable. Yo estaba algo nerviosa, y él, no sé, no quise, ya ni mirarlo. Me bastaba con imaginar su rostro regalándome aquella mirada que tanto busqué, cuando estaba aún con mis tiernos ocho años.
Finalmente me entregó aquella pulsera que hasta hoy conservo, aquella pulserita de piedras negras, que me colocó en la muñeca…
Tan lindo, y yo…Sin saber, qué hacer más qué decir: Gracias y Adiós!
Me di cuenta luego, que aquél niño, hecho un lindo adolescente ahora, era y sería por siempre el primer y único amor platónico, de Mi Vida.
Conciencia
…Tenía ocho años, cuando lo conocí, recuerdo que había llegado tarde a clases (una de las pocas veces, cuando era estudiante, pero con gusto lo habría repetido). Él tenía con algunos meses menos, casi la misma edad que yo. Apenas lo vi, me impresionó, no sé bien que fue lo primero que le vi, no sé si su carita de tímido, su cabello castaño o si sus ojos tan lindos, vivos, pero a la vez calmados.
No recuerdo la sanción, pero si recuerdo bien cómo hice notar que me llamaba la atención. E inmediatamente sentí lo que era el primer rubor. Fue tan tierna mi primera ilusión, que no creo que haya alguna otra experiencia que la pueda reemplazar. Pero allí estábamos, cumpliendo nuestra sanción, tal vez él, no con tantas ganas como yo. Y aunque, para ser sincera creo que fue la primera y qué mejor primera vez que me sancionaban por llegar tarde.
Ahora debo decir, que desde aquella mañana, que a la vez era algo tarde, empecé a averiguar de qué salón provenía, quería averiguar cómo no lo había visto, quería saber, si era el mejor alumno o si talvez algún destacado jugador de fulbito (esas dos cosas eran las que me impresionaban, desde entonces).
Y casi sin querer, iban llegando novedades respecto a él(eso era lo bueno de hacerle notar a alguien que alguien te interesa, ya que por molestarte sin darse cuenta, te van a dar más detalles beneficiosos para ti, que los que buscarías tan discretamente.) El caso es que sí, en menos de una semana averigüé todo de él. Tenía el mismo apellido que mi padre (y, ésa era un arma, que usaría en mi defensa, más adelante)
Pasaron las semanas, e hice algo imprudente. Dibujé dos corazones en los cuales dejé dos iniciales, una era mía y el otro ya sabemos de quién. Alguien más notó lo que hice, pero y antes que me lo arrancharan de las manos, le adjunté otra inicial más al lado de la mía, era del apellido de una de mi tantas tocayas (que vendrían en el futuro).
Al parecer no fue buena idea, ya que esta niña se lo alcanzó finalmente a mi profesora (mi profesora, tan linda maestra, conmigo y con el resto). Ella, me hizo quedar en el recreo, y luego quiso hablar conmigo, yo por el contrario no quise ni verla, en los casi cinco minutos que me insistió para que me acercará, sólo lloré recostada sobre mi carpeta.
Lloré de vergüenza, lloré para no mostrar mi rostro ruborizado, lloré para no decir nada, lloré porque era mejor que acercarme, en medio de la clases y dar explicaciones…Sí, fue mejor quedarme en mi sitio, pues todos estaban ya esparciendo el rumor” A mí, me gustaba alguien; y no era del salón, era un extraño…Uno de fuera” (curiosamente, este es el mismo argumento que se iría repitiendo a lo largo de mi vida).
A la salida, de mi clase, y a finales de ese bimestre, ya todos los de mi grado y algunas profesoras lo sabían (antes eran bimestres y no trimestres, como hoy en día).
Tuvieron que pasar muchos meses sino años, como para que él lo notara. Bueno yo me empeciné a decir que no era yo, que era un invento, que era mentira, o que fue hace tiempo…Tantas excusas que da una agrandada niña de ocho años. Pero en la inocencia de la niñez, uno utiliza tantas tácticas, como si fuera grande. Y allí empecé a usar mi primera arma.
Esparcí el rumor que aquel dulce niño (Y, esa será la impresión que tendré siempre de él), dije que aquel niño era mi primo. Así es que: “…con la familia nada”, decía yo (ja,ja,já, hasta yo misma me lo quise creer). Use con más fuerza, aquel argumento cuando noté que para él era insoportable la situación(o al menos, esa fue la impresión que tuve yo), ya no le parecía nada gracioso, el hecho de que todo el mundo (de mi pequeño universo), lo estuvieran molestando conmigo.
Así que, desde entonces puse distancia, si sabía algo de él, trataba de mostrarme indiferente, o al menos ya no demostraba ningún tipo de interés.
Pasaron años, hasta que, ya en la secundaria. Sí, recuerdo que para el primer año de la secundaria, me cambiaron de turno (pero, para nada, por aquella historia, sino mas bien por una graciosa confusión., que no le perdonaría a mi madre, hasta que me devolvieran a mi turno, que era la mañana). El hecho es que, de anécdota de niños, pasó a ser mito o leyenda…Se decía, se hablaba de la alumna, que desde muy niña demostró interés por aquel niño.
Cuando volví, a mi turno, supe lo que era sentir la incomodidad, el que te repitan y repitan, que te molesten y molesten con aquel niño, ahora adolescente (Que al menos no mostraba ningún interés por mí). Al menos seguí con la misma táctica, indiferencia absoluta, y aunque, demostramos complicidad a distancia, actuando de manera conjunta, ya que mostramos interés por otras personas y se las demostramos al resto, como quien dice: ¡Mira! aquél, o aquella, ya no me interesa.
No duró mucho tiempo, pero siempre estuvimos lejos, nunca compartimos aula, salvo una que otra clase. Con la complicidad de algunos profesores (por así decir), a cuyos oídos habían llegado nuestros antecedentes. Pero casi siempre, lograban a lo mucho sólo ruborizarnos.
Hasta el quinto año de la secundaria, habremos intercambiado uno o dos párrafos. Claro, uno de ellos, cuando nos casaron a la fuerza en uno de aquellos juegos de las benditas verbenas… Nos casaron y aceptamos...Bueno yo tardé más en decir sí acepto… Por Dios! Fue al pie de una capilla. Qué día más inolvidable, y avergonzante, aunque finalmente anecdóticamente dulce.
Pero, fue el último año de mi secundaria, la vez que intercambié el segundo y último párrafo. Días antes, él regresaba de viaje, del viaje de promoción (él se había ido a Huaraz, yo en cambio me fui a Cusco, semanas después…). Era un Lunes o Martes, no recuerdo bien, sólo recuerdo, que fue saliendo del colegio, cuando yo me iba caminando a casa. Él, me estaba esperando a la salida, me miró fijo, y ya me habían dicho que él iría conmigo, asi es que, sólo caminé, a su lado, pero caminé al fin.
Aquellas cinco cuadras, fueron las más cortas e imborrables de mi memoria. Como lo dije, no intercambiamos más que un párrafo de palabras, y no era para menos, el silencio decía más entre nosotros dos. Era, un silencio, el silencio más apreciable. Yo estaba algo nerviosa, y él, no sé, no quise, ya ni mirarlo. Me bastaba con imaginar su rostro regalándome aquella mirada que tanto busqué, cuando estaba aún con mis tiernos ocho años.
Finalmente me entregó aquella pulsera que hasta hoy conservo, aquella pulserita de piedras negras, que me colocó en la muñeca…
Tan lindo, y yo…Sin saber, qué hacer más qué decir: Gracias y Adiós!
Me di cuenta luego, que aquél niño, hecho un lindo adolescente ahora, era y sería por siempre el primer y único amor platónico, de Mi Vida.
Conciencia
No hay comentarios:
Publicar un comentario